El DSM no los nombra. Eso no significa que no existan.
El DSM-5 (el manual de diagnóstico en salud mental) reconoce formalmente la anorexia, la bulimia, el trastorno por atracón, y algunos otros. Pero hay un conjunto de cuadros clínicos que están apareciendo con cada vez más frecuencia en la consulta y que todavía no tienen criterios diagnósticos oficiales.
Eso no significa que sean inventos ni modas. Significa que la investigación va más lento que la realidad clínica. Estas formas de sufrimiento son reales, afectan la calidad de vida, y merecen atención especializada.
Acá te contamos de qué se tratan los más frecuentes.
Ortorexia: cuando ‘comer sano’ se convierte en una obsesión
La ortorexia (del griego orthos, ‘correcto’) es una relación obsesiva con la ‘comida limpia’ o ‘saludable’. No es querer comer bien: es que ese objetivo se vuelve tan rígido y dominante que empieza a generar sufrimiento y a limitar la vida.
Señales de alerta
- Dedicar muchas horas al día a investigar, planificar y preparar alimentos ‘limpios’.
- Evitar comer fuera de casa por no controlar los ingredientes.
- Sentir culpa o ansiedad intensa cuando se come algo ‘no permitido’.
- Eliminar progresivamente grupos enteros de alimentos (gluten, lácteos, azúcar, aceites…).
- El tema de la comida ‘sana’ ocupa la mayor parte de los pensamientos.
- Aislamiento social cuando hay comida de por medio.
La ortorexia puede esconderse detrás del wellness, la alimentación vegana, el fitness o los hábitos saludables. La diferencia no está en qué se come sino en cuánto sufrimiento genera y cuánto espacio mental ocupa.
Lo paradójico es que la obsesión por comer ‘limpio’ termina teniendo consecuencias físicas parecidas a otros TCA: restricción de nutrientes, aislamiento, y un vínculo con la comida que lejos de ser placentero es ansioso y rígido.
Vigorexia: el cuerpo nunca es suficientemente musculoso
La vigorexia (también llamada dismorfia muscular) es un trastorno en el que la persona percibe su cuerpo como pequeño o sin músculo suficiente, aunque objetivamente tenga una musculatura desarrollada. La distorsión de imagen corporal existe, pero en dirección opuesta a la anorexia.
Es mucho más frecuente en varones, aunque también se presenta en mujeres. Está directamente vinculada a la cultura del gimnasio, el fitness extremo y la presión por un cuerpo musculado y definido.
Señales de alerta
- Hacer ejercicio de forma compulsiva, incluso estando lesionado o enfermo.
- Dieta muy rígida y estructurada en función de la masa muscular.
- Uso o consideración de anabolizantes y suplementos extremos.
- Evitar situaciones sociales por no poder cumplir con la dieta o el entrenamiento.
- Insatisfacción permanente con el cuerpo a pesar de los resultados visibles.
- El tiempo dedicado al entrenamiento y la dieta empieza a desplazar otras áreas de vida.
La vigorexia no es vanidad ni disciplina mal encaminada. Es un trastorno de la imagen corporal que genera sufrimiento real y puede tener consecuencias físicas graves, especialmente si hay uso de sustancias.
Alcohorexia (o drunkorexia): saltear comidas para beber
La alcohorexia es una conducta que combina restricción alimentaria severa con consumo de alcohol. La lógica detrás es compensar las calorías del alcohol comiendo muy poco (o nada) durante el día. Es muy frecuente en personas jóvenes, especialmente en contextos universitarios o de vida nocturna.
El problema es doble: por un lado, hay restricción alimentaria con todas sus consecuencias físicas y psicológicas. Por el otro, el alcohol en un sistema con poca comida produce efectos mucho más rápidos e intensos, aumentando el riesgo de intoxicación grave y de conductas de riesgo.
La alcohorexia puede pasar completamente desapercibida porque desde afuera se parece a salir a tomar con amigos. Pero por dentro hay una racionalización muy específica vinculada al control del cuerpo y a la culpa con la comida.
Diabulimia: manipular la insulina para bajar de peso
La diabulimia es uno de los cuadros más serios y menos conocidos. Afecta a personas con diabetes tipo 1, que manipulan (reducen o directamente omiten) las dosis de insulina necesarias para controlar la glucemia, con el objetivo de bajar de peso.
La lógica detrás es que sin insulina suficiente, el cuerpo no puede utilizar los azúcares y termina excretándolos. Eso produce pérdida de peso, pero a un costo enorme: descontrol glucémico severo, cetoacidosis diabética, daño renal, problemas oftalmológicos y neurológicos. A largo plazo, las complicaciones son gravísimas.
La diabulimia es una emergencia médica tanto como psicológica. Si sospechás que vos o alguien cercano está manipulando la insulina por motivos de imagen, buscá atención especializada urgente.
Pregorexia: la restricción durante el embarazo
La pregorexia describe conductas restrictivas de alimentación durante el embarazo, motivadas por el miedo a subir de peso o a ‘deformar’ el cuerpo. La persona sigue patrones de restricción o compensación durante la gestación, con riesgo directo para su salud y la del bebé.
Es un cuadro que muchas veces surge en mujeres que ya tenían una relación difícil con la comida y el cuerpo antes del embarazo, y que el contexto del embarazo reactiva o intensifica. También puede aparecer en personas sin historia previa de TCA, en quienes la presión cultural sobre el ‘cuerpo de embarazada’ es el disparador.
¿Qué tienen todos en común?
Todos estos cuadros comparten algo fundamental: el cuerpo y la comida se convierten en el centro de la identidad y el control. Lo que varía es la forma en que eso se expresa.
También comparten algo más: todos tienen tratamiento, y todos mejoran con el tipo de acompañamiento adecuado. Acompañamiento que no pasa por más restricción, más control ni más reglas, sino por entender qué función tiene esa relación con el cuerpo y la comida, y construir algo diferente desde ahí.
Que un trastorno no esté todavía en el manual no significa que tu sufrimiento no sea válido. Si algo de lo que leíste te resonó, eso ya es información importante.
¿Cómo se tratan?
El abordaje de estos cuadros emergentes es interdisciplinario, igual que en los TCA clásicos: psicología, nutrición especializada y, cuando corresponde, intervención médica o psiquiátrica. El enfoque no centrado en el peso y la alimentación intuitiva son marcos especialmente útiles en estos casos.
En el caso de la diabulimia, es imprescindible la coordinación con el equipo de diabetología. En la vigorexia con consumo de sustancias, puede requerir apoyo adicional para dejar los anabolizantes. Cada cuadro tiene sus particularidades.
En LEVIA trabajamos con todo el espectro de la difícil relación con la comida y el cuerpo, incluyendo estos cuadros emergentes. Si querés saber más o pedir una orientación, estamos acá.